Noé Ramón

La historietista e ilustradora, Marika Vila Migueloa participa el lunes en la apertura de un congreso académico internacional organizado por la Fundación Canaria de Cine + Cómics. A la autora nacida en 1949 en Barcelona, la avala una larga carrera, que la convierte en toda una pionera tanto como artista gráfica como en las luchas sociales y muy especialmente en su compromiso con los movimientos feministas. 

El resultado es que desde que toma conciencia de lo que ocurría a su alrededor hasta ahora no ha parado de reivindicar el papel de la mujer en todos los ámbitos de la sociedad y además lo ha hecho a través de un método un tanto inusual como es el cómic. No elude el término feminista sino todo lo contrario, lo reivindica desde que percibió el papel que las mujeres habían tenido en la historia reciente y la marginación de la que han sido objeto desde entonces.

Sobre su visita a Tenerife se muestra “encantada” y asegura que con la Fundación ha creado un vínculo especial que se ha plasma en múltiples colaboraciones y con la que existe un perfecto entendimiento. En las Islas ha estado en dos ocasiones anteriores, en una de las cuales ofreció una conferencia, tal y cómo hará el lunes en la apertura del V Congreso Internacional de la Fundación Cine + Cómics, que se celebrada en la sede del Instituto de Estudios Canarios, en La Laguna, lo que considera “un honor”. En Canarias también ha ejercido de comisaría en dos exposiciones organizadas en el contexto del Salón Internacional del Cómic y la ilustración de Tenerife,  tituladas “Con voz propia. Mujeres Cuerpo a Cuerpo” y una más de su obra “Mata-Hari y otras mujeres valientes”,

El término feminismo despierta de forma automática en Marika un discurso que surge de años de análisis, experiencias vividas y estudio de la situación de las mujeres, de la que empezó a ser consciente ya en su juventud. Fue en ese momento cuando tuvo lugar una especie de despertar y que le hizo percibir lo que denomina “falta de espacios de libertad, acalladas por los estereotipos que se repetían por todas partes, las voces de las mujeres no hallaban espacio público o tenían que conquistarlo y el cómic para ellas suponía un territorio hostil, de control y discursos totalmente masculinos”. Hasta entonces era una joven que estaba encantada de hacer cómics románticos que editaba en el extranjero, idénticos a los que luego llegaría a analizar críticamente.

A sus 17 años lo que más apreciaba era “el privilegio” de ser una de las pocas mujeres que trabajaba contra una apabullante mayoría de creadores masculinos. Pero la Transición le abrió los ojos, se dejó empapar por el espíritu de libertad que marcó esa época y de todos los movimientos sociales que explosionaron en aquel entonces con el que más se identificó fue con el feminismo militante. A partir de aquí surgió un grupo de dibujantes a los que se ha denominado “la generación del compromiso” que propiciaría la aparición del llamado “cómic de autor”, caracterizado por tener su propio lenguaje digno y adulto.

Ahora era posible que las historietas que hasta antes no pasaban de servir como entretenimiento se convirtieran en instrumento del cambio social y que emergiendo del underground radical podrían entrar ya por las puertas de la Universidad como un arte de la misma categoría que los demás. Pero en cuanto al papel de la mujer en aquellas fechas, “estamos hablando de una minoría muy minoritaria. Entonces, en el cómic de autor, éramos tres o cuatro autoras (tres en El Colectivo de la Historieta, Butifarra o la Astronave Pirata, y una en El Rrollo enmascarado) en medio de muchísimos hombres”, indica.

En ese punto los relatos románticos a los que se había dedicado hasta entonces pasan a convertirse en un elemento negativo para el colectivo femenino que poco a poco va cuestionando cada vez más sus mensajes hasta llegar al rechazo total. Esta reflexión le lleva a cuestionar el machismo de la derecha y también el de la propia izquierda, concluyendo con que es preciso “una renovación de los estereotipos de género, con la que también se pueden beneficiar los hombres y con la que el discurso del cómic saldría enriquecido”.

“Esa falta de espacio y empatía hacía las mujeres y nuestro lenguaje me hace comprender que debíamos salir a la calle porque estaba claro que lo que no ganara yo, no lo iba a ganar nadie para mí”. Este fue el punto de arranque de un duro y largo trabajo que se puede englobar bajo el término “feminista” pero que apuesta también por obtener libertades para todos los sectores de la sociedad, lógicamente, los más masacrados.

Uno de los puntos que más ha cuestionado es la imagen que mayoritariamente se dio en aquellos días a lo que se llamó “el destape” y su utilización del cuerpo de la mujer como bandera, en el cómic, en las portadas de las revistas o en las películas. Un erotismo que se podía entender en principio como transgresión pero que no lo era tanto, porque en realidad los hombres se liberaban de las represiones del pasado, pero las mujeres no obtenían nada a cambio. Excepto, eso sí, la exhibición de un cuerpo retornado a la dependencia pasiva de la construcción erótica masculina en la recreación de un nuevo estereotipo “progresista” que las usaba sin dejar espacio a su voz… En 1977 escribe su primer artículo de contenido feminista en el que ya pone en solfa la transformación de la mujer en un tótem, recuerda los logros de las republicanas y las limitaciones a las que estaban sometidas, en aquellos días. “Un “no” que no sea escuchado representa una violación porque usa el cuerpo de la mujer pero no su voz ni opinión”, concluye.

Una vez que percibe lo evidente, la marginación de este colectivo en el mundo de los cómics, empieza a luchar, junto con otras compañeras para obtener más espacios masculinos y “reivindicar a las invisibles”, término este último en el que engloba a aquellas creadoras cuyo trabajo no trascendía públicamente. La reflexión llegó al punto de que años más tarde todas estas cuestiones se plasmarían en una tesis doctoral que obtuvo el cum laude, tras acabar la carrera de Humanidades, tal y como explicará el lunes. “En Tenerife expondré una investigación de muchos años en los que he intentado rescatar a las autoras invisibles de la República y de los años posteriores”, apunta. De forma paralela en este período ha recorrido el camino del underground más radical a colgar sus obras en las paredes del Museo Reina Sofía o trabajar con editoriales consolidadas y de primera línea.

Pero sus verdaderos inicios se sitúan cómo dibujante en la dictadura cuando elaboró cómics femeninos de contenido romántico y dirigido a un público infantil, “porque en aquel momento era lo apropiado” y era impensable otra posibilidad. Es evidente que durante la dictadura y los años posteriores se produjo una discriminación entre los tebeos según el género, pero, en cualquier caso, el discurso fue siempre modelado desde el punto de vista patriarcal. 

“Mientras las mujeres ocupábamos un espacio mínimo con nuestros cuentos infantiles, los chicos tenían unas posibilidades que abarcaban el infinito y más allá, como eran los contenidos científicos, terror, policiacos, guerra, suspense, las aventuras del oeste…”. En el lado contrario las jóvenes permanecían silenciadas y eso universo era ignorado o minimizado a límites liliputienses. Este género era utilizado para educar a las mujeres en aspectos cómo enseñar a sentarse, por supuesto, portarse bien, cuidar a los demás, obedecer al rey y casarse siempre e invariablemente con el príncipe de turno.Pero curiosamente después de la boda las historias ya no tenían continuidad, las mujeres desaparecían en el tiempo y en el espacio”. En alguna ocasión se representaban a las sufragistas pero siempre era para ridiculizarlas, como mandaban los cánones de lo que denomina “la mirada patriarcal”. O lo que es lo mismo el objetivo de las historietas era mantener a las mujeres dentro de unos limites perfectamente delimitados.

Pero contradictoriamente existían una serie de autoras de gran calidad como Purita Campos, Rosa Galcerán o Rosa Pascual, entre otros centenares, que permanecían ignoradas y que no han empezado a ser reivindicadas hasta años después. En la época de la Transición las nuevas autoras con voz propia en el cómic adulto son apenas tres o cuatro, mientras que a finales de siglo ya aumentarían sus filas a siete u ocho y a partir de 2008 es cuando se produce una eclosión sin una explicación aparente. Al principio, Vila cree que el vacío que afectó a los dos géneros se debió a la crisis económica que comenzó ese año, pero finalmente percibió que el brote excepcional de un grupo de nombres femeninos en la primera década del cambio de milenio era el resultado de una lucha de años. A lo que se unieron los nuevos medios, las redes y las recién nacidas tecnologías que permitían visualizar el discurso de la transgresión femenina. 

El movimiento abarcaba desde las dibujantes de la II República, hasta todas las nuevas bloggers que era posible localizar en la red. Como exitosa conclusión los accesos a la información permiten que den fruto las constancias y las resiliencias de las voces femeninas…. “La situación evidentemente ha cambiado y hoy en día existe una nueva mirada más amplia, pero también lo es que no todo está hecho y sí queda mucho aun por hacer”, señala. En la década de los ochenta sería cuando Marika Vila empieza a obtener reconocimiento como fruto de la unión de la ideología, defensa del medio y, por supuesto, su talento como artista.

Un ejemplo de la marginación que han sufrido las creadoras de cómics es que el primer recopilatorio de esta autora, denominado Mata Hari, no vio la luz hasta el año 2019, décadas después de haber estado publicando en revistas y periódicos. También cree que en este retraso tuvo algo que ver el cierre en cadena de revistas durante una época por lo que se denomina como crisis del papel. Pero finalmente el álbum vio la luz y ella se muestra encantada con el resultado hasta el punto de calificar a la edición como “una joyita preciosa”, hecha con mucho cuidado que aún hoy forma parte de exhibiciones. 

El año pasado salió una nueva recopilación colectiva llamada Mil Brujas, en la que participaron 39 dibujantes y cuyos beneficios van a parar a los colectivos que luchan contra la violencia de género. Otras publicaciones suyas, imposibles hoy de encontrar, serían Moderna Secreta o Reflejos, y si se le pregunta por el número de ventas asegura que ni sabe ni le interesa. En estos momentos sigue trabajando de forma intensa, pero se centra en la docencia en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), la investigación, la difusión y el comisariado de exposiciones y es asesora de la Generalitat de Catalunya en materia de cómics.

También ha desarrollado una faceta como descubridora de nuevos talentos y literalmente confiesa que le “alucinó” descubrir que pese a todas las dificultades, en el subsuelo existía un grupo importante de mujeres que habían conseguido respirar “a través de las grietas que abrimos las pioneras. Comprobé que cuando se rompe el techo de cristal también lo hacen los modelos y no sólo el artefacto-mujer como una construcción binaria y en este punto entrarían en escena la manifestación y aceptación de la diversidad de las expresiones en los cuerpos híbridos, ciborgs, fabulados, retro-orgánicos…etc.”.

Como editora, primero en la época de la Transición y luego a finales de siglo, trabajó en los Consejos de Redacción y dirección de las publicaciones más radicales como Rambla o Butifarra. Pero al final de los noventa, coincidiendo con el momento en el que se empiezan a cerrar revistas le proponen ser coordinadora y realizadora editorial de Planeta DeAgostini. Aquí se sitúa el punto de inflexión desde el underground y las publicaciones minoritarias a la primera división donde comienzan sus contactos con el género manga, por ejemplo, coordinando y realizando la introducción en España de la popular serie Dragón Ball, entre sus casi infinitas variantes. 

Una consecuencia inesperada del género manga fue la proliferación de lectoras femeninas, lo que Marika Vila atribuye a que por fin se representaban a luchadoras de leyendas o productos que eran específicos para las jóvenes ignoradas por el cómic español. Este fenómeno sirvió para que las mujeres luego acabaran leyendo otro tipo de historias de contenido más amplio. Cree que el manga es un género con mucho futuro al estar respaldado por un buen marketing y abarcar mercados muy amplios. “Es una pena que con el resto de cómics nacionales no se haga lo mismo”, reflexiona.

En 2006 y a causa de su investigación sobre el discurso de las viñetas, decide ampliar sus estudios de Sociología y comienza la carrera de Humanidades en la Universidad de Barcelona. Diez años después culmina su doctorado en Construcción y Representación de las Identidades Culturales de Género y Ciudadanía, además de participar en dos másteres sobre estas cuestiones. En la actualidad continuamente la requieren desde diversos puntos de España y del extranjero para explicar su alabada tesis doctoral, tal y como ocurrirá el próximo lunes. Ha participado en seis libros y es miembro de Tebeosfera, una gigantesca base documental sobre los tebeos españoles.

Después de una vida tan ajetreada sus planes de futuro pasarían por descansar, pero admite que los artistas “no nos jubilamos nunca”. A corto plazo prepara el comisariado de una exposición para la Diputación de Barcelona, que recorrerá durante dos años y medio la red de museos locales, trabaja en otro libro y nunca para de pensar en nuevos proyectos. 
Finalmente, como activista feminista no tiene reparos en pronunciarse sobre la discusión que ha existido en este colectivo sobre las mujeres trans. Y es rotunda al apostar por la aceptación, la igualdad en la diferencia y evitar nuevas discriminaciones. Cree que “como no podía ser menos” su opinión debe ser éstas después de tantos años defendiendo las diferencias de modelos “con los que nos imponían lo que teníamos que ser de forma binaria las personas, de manera que bajo la etiqueta mujer debías actuar de una forma y bajo la de hombre de otra”. Por lo tanto lo lógico es que ahora asegure “estar totalmente a favor de aceptar a todas las personas en su expresión libre, entre ellas a las mujeres trans.”, concluye.