La investigadora y dibujante manchega especializada en cómic digital presentó su nuevo tebeo interactivo en una ponencia de ‘Encuentro con Autoras’ el pasado 25 de marzo, las charlas online organizadas por la Fundación Cine+Cómics y la Cátedra Cultural Moebius de la ULL, con el patrocinio del Cabildo de Tenerife a través del programa Tenerife Violeta. Además, expuso sus teorías tras años de investigación en los nuevos lenguajes surgidos del formato virtual de la historieta. En la foto principal, Marga Molina retratada por Arnaud Bertuzzi.

La virtualidad es una de las características definitorias de la nueva normalidad. Ya desde el cambio de siglo, las infrastructuras informáticas eran un elemento clave en las rutinas laborales de muchos sectores, pero sin duda, el teletrabajo impuesto por la pandemia de 2020 ha sido un punto de inflexión para terminar de integrar el mundo digital con el analógico en prácticamente todos los sectores de la vida humana. El mercado editorial no se queda atrás, y el mundo del cómic y la narrativa en imágenes ha sabido adaptar su forma de contar historias a estos nuevos formatos. Y por supuesto, el ámbito académico lleva tiempo teorizando al respecto. Es el caso de Margarita Molina, ilustradora e investigadora especializada en cómic digital, quien estuvo el jueves 25 de marzo compartiendo sus reflexiones como analista y creadora al respecto en una entrevista online de Encuentros con Autoras.

Esta investigadora de origen manchego lleva años profundizando en este formato del cómic desde 2013 y cuenta con una larga trayectoria académica que ha pasado por Francia hasta llegar a America del Norte. Es estudiante de doctorado del programa de estudios y prácticas de las artes de la Universidad de Quebec en Montreal, Canadá, desde 2016 y tiene ya varias publicaciones académicas sobre su línea de investigación. Cuenta también con la perspectiva puramente artística de este formato, ya que este año lanzó su propio cómic concebido desde el principio para el entorno digital. Bajo el título Dos, la obra envuelve al lector en una experiencia interactiva en la que tiene capacidad de desición para desembocar en seis finales diferentes. «El cómic digital establece desde el principio un sentido lógico entre lo que quiero contar y cómo lo quiero contar», comentó la autora durante la presentación.

Hay que pensar desde el principio ante qué plataformas tecnológicas de distribución se va a presentar el cómic y entender todas las cuestiones técnicas

Margarita Molina

El proceso de trabajo es completamente multidisciplinar. Lo que empieza con un guión tradicionla esquemático se convierte en una concepción que debe tener en cuenta los diferentes soportes sobre los que se va a presentar la obra con sus pertinentes características (tamaño y orientación de las pantallas, compatibilidad del código informático con los diferentes navegadores, etc.). «Hay que pensar desde el principio ante qué plataformas tecnológicas de distribución se va a presentar el cómic y entender todas las cuestiones técnicas», establece Molina como elemento definitiorio de este formato. Supone además, una mezcla de lenguajes en la que convergen elementos de la literatura, el dibujo y la informática, que termina siendo una nueva herramienta para contar historias.

La dicotomia académica: ¿Es el cómic digital un cómic de verdad?

Las dos grandes tendencias teóricas con las que se ha encontrado esta joven investigadora son opuestas: quienes creen que contar historias con palabras e imágenes en internet no puede llevar el nombre tradicional de la historieta y quienes creen que sí. Para Molina, es una cuestión de transforamación: «no es que sea un medio diferente, pero sí es cierto que el entrono infirmático permite tomar lenguajes de otros medios para expresarse y crear en sí códigos nuevos», comentó. Es así como hay lectores de tebeos digitales que encuentran elementos propios de los videojuegos o del cine de animación, todo depende del perfil de cada individuo.

A la hora de estructurar sus historias, cuenta con herramientas específicas con las que puede lidiar con la cohesión literaria y estética tradicional que requiere una novela gráfica, mientras que va editando simultaneamente el código fuente que constituye la arquitectura de su obra, un nivel añadido en el que la coherencia debe ser absoluta. De esta manera, puede escoger simultáneamente dónde y cómo colocar las imágenes en función de los dispositivos de distribución, la manera en la que se coloca el guión e incorporar el grado de interactividad en el que quiere sumergir a su público.

Es cuestión de encontrar el equilibrio entre la duración de la animación y el guión para que la lectura del cómic digital no pase a ser una experiencia de espectador

Margarita Molina

Esto no es algo nuevo o exclusivo de la narrativa en imágenes. Este tipo de software de edición para creadores es aplicable también a los libros electrónicos, que ya presentan diferentes formatos al de una simple página de palabras. La invitada confesó que en el mercado laboral canadiense los están introduciendo en diferentes ámbitos para que las personas que viven del arte lo incorporen como una herramienta más. Una de las cuestiones que más preocupa al sector editorial es la pérdida de la esencia de la lectura con la introducción de animaciones y la interactividad. La respuesta de la artista ante los editores y académicos escépticos es siempre la misma: «es cuestión de encontrar el equilibrio entre la duración de la animación y el guión para que la lectura del cómic digital no pase a ser una experiencia de espectador».

La perspectiva internacional de Margarita Molina

Comenzó sus estudios de Bellas Artes en la Universidad Politécnica de Valencia, España, y continuó en el Alberta College of Art and Design de Calgary, Canadá, gracias a un programa de movilidad fuera de la UE, especializándose en dibujo y animación. Sus estudios de posgrado la trajeron de vuelta a Europa, donde pudo encontrar un camino específico dentro del mundo del tebeo. En Francia, cursó el máster de cómic de l’École Européenne Supérieure de l’Image de Angulema y la Universidad de Poitiers. En su faceta creadora, ha realizado exposiciones colectivas en España y Francia, y ha colaborado en varios fanzines.

A lo largo de la entrevista, Molina afirmó haber percibido diferencias sustanciales en el enfoque didáctido de sus estudios dependiendo de la zona geográfica. En Europa «son más academicistas», puesto que le dan mucho más peso a la dimensión teórica de los contenidos; mientras que en Canadá, todo está más orientado al ámbito profesional. La artista confesó que la experiencia norteamericana es mucho más realista, «en los tiempos y las maneras de realizar los trabajos que encargan los profesores».

Y, por supuesto, todo tiene su pro y su contra, pues el sistema canadiense hace que los artistas estén muy especializados en determinadas técnicas y sectores, mientras que la enseñanza europea permite que el alumnado experimente y sea capaz de desenvolverse en diferentes contextos artísticos.

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