La historia de los dibujos y de grupos musicales se ha cruzado en numerosos momentos seguramente porque comparten público y el mismo fin de entretener

Noé Ramón

El mundo del cómic y el de la música son dos planetas que estaban condenados a girar alrededor de ellos mismos, en algunos casos o a colisionar y dar lugar a una explosión nuclear la mayoría de veces. Los dibujantes  siempre se han sentido atraídos por la estética, leyenda y sonidos de los grupos y cantantes como motivo fundamental de inspiración. Pero a la vez los intérpretes se confiesan auténticos devoradores de historietas y suelen estar encantados de convertirse en personajes centrales de los cómics. Tebeos y músicos comparten habitualmente el mismo público y finalidad: entretener y despertar la imaginación.

Lo cierto es que no existe un experto que pueda concretar cuál fue la primera historieta que tomó como base a los grupos musicales de rock o pop. Entre las pocas certezas que existen en esta historia no escrita estaría que la idea surgió en los Estados Unidos en la década de los años cincuenta y que en principio irrumpió como algo fugaz. Pero posteriormente se ha convertido en cuestión central y monográfica de una larga serie de cómics que en la actualidad se ha desplazado sobretodo a países como Japón o Corea del Sur. Décadas antes con el nacimiento del rock & roll surgieron los primeros cómics en los que aparecían los cantantes o grupos más populares de aquellos tiempos.

Pero los tebeos no han tenido muchos escrúpulos a la hora de abordar cualquier estilo musical. Los sonidos pop también han sido una continúa inspiración para los dibujantes y han ejercido una fuerte atracción por parte de los lectores quienes demandaban disfrutar de historias de sus héroes musicales. Ese es el caso del grupo The Archies, una banda ficticia a cuyos componentes los dibujos acabaron poniéndole cara, aunque fueran impostadas. Tras el éxito de Sugar, sugar, que llegó al número uno a finales de los sesenta, entró en escena una serie de animación que se mantuvo en pantalla durante dos años. Mientras que de forma paralela se editaron cómics que se mantienen incluso hoy en día en Estados Unidos con periodicidad mensual.

Otro grupo que puede encuadrarse en la categoría de haber sido creados en un laboratorio ha sido The Monkees, sólo que en este caso sí existían unos componentes reales que llegaban a tocar en directo. Lo que nunca se ha desvelado es la duda de si detrás había unos músicos de verdad que no se correspondían a los que aparecían sobre el escenario. Sea como sea lo cierto es que se convirtieron en personajes de una serie de cómics que a continuación fueron devorados por el público juvenil.

En la década de los años sesenta el dueño de Marvel decidió llevar a Los Beatles al formato papel y además introducirlos en una aventura con los Cuatro Fantásticos. La idea se plasmó en un número de la serie Strange Tales que hoy en día se ha convertido en una pieza de colección casi inencontrable y por lo tanto muy cotizada. Como el experimento dio resultado a continuación se repitió con otros grupos como The Who o The Doors, aunque en este último caso no se llegó a finalizar el cómic y sólo se editó uno con la formación británica. Años más tarde se llegó a representar la historia completa de Los Beatles con un sonoro éxito.

Pero el caso, quizás más paradigmático sea el de la formación musical Kiss surgida a finales de los setenta cuyos maquillajes y ropas espaciales incendiaron la imaginación de dibujantes y de una amplia legión de seguidores. Para echar más leña al fuego en el primer número circuló la leyenda de que a los los componentes se les había extraído sangre que luego fue utilizada para hacer los dibujos en los que el líder de Kiss, Gene Simmons se enfrentaban al doctor Doom. Un año después salió a la luz el número dos pero asuntos tan engorrosos como contratos entre compañías y derechos de autor llegaron a frustrar la idea de completar una serie.

El racismo también ha estado un tanto presente en esta mezcla de música y tebeos. No hay demasiados ejemplos en los que intérpretes de color hagan de protagonistas y entre ellos los más destacados son los Jackson Five que además contaron con una serie televisiva de dibujos animados. La escasez de cantantes de color en los cómics es paralela a la de superhéroes de esta misma raza; pocos y sin demasiada trascendencia real. En alguna ocasión se llegó a tomar como modelo al actor Sidney Portier y durante la época del cine blackexploitation pudo percibirse un cierto repunte del interés entre el público que pasada la moda decayó poco después. Más fortuna han tenido los cómics basados en el jazz con protagonistas trágicos al estilo de Billie Holiday o Miles Davis. Superhéroes pero a su manera.

Parece que los setenta ha sido la época en la que han surgido mayor número de formaciones musicales que han inspirado a los dibujantes, editoriales y aficionados. Ahí está también el caso de The Ramones, protagonistas de capítulos sueltos que se titularon de forma genérica, Tales of The Ramones. Desde 1989 hasta 1992 salió a la luz una serie titulada Revolutionary cómics que se considera la más completa sobre el rock y que incluía biografías no autorizadas de grandes bandas como Led Zeppelin Metallica, Frank Zappa REM o Sex Pistols y concretamente de su lado más salvaje y oscuro. Y ello es así hasta el punto de haber sido calificada de sensacionalista y carne de múltiples demandas por los derechos de imagen.

Esta corriente también llegó a Europa y más concretamente a Francia y Bélgica donde aparecieron revistas con formato diferente, de tirada mensual y que abordaban cuestiones musicales y otras no tanto como las dogas o el cine. Uno de los principales autores fue Serge Clerc quien llegó a colarse en los camerinos para conocer a los componentes de The Cramps durante un concierto que dieron en París y cuya estética sin duda le resultó muy inspiradora. Como no era para menos.

Por su pluma pasaron también otros personajes como Debbie Harry, líder del grupo Blondie, quien en su autobiografía Face It reconoce la pasión que siente por los cómics, de manera que estaría encantada por la aparición de numerosos ejemplares en los que actuaba como protagonista principal. La cantante surgida del movimiento punk, se convirtió durante décadas en uno de los más relevantes sex symbols. Aún hoy en día sigue al frente de la misma formación.

Dentro de esta tendencia musical se encuadran los cómics sobre The Clash, Damned, Sex Pistols o David Bowie y una muestra más de esta falta de prejuicios, se podrían nombrar a los relatos sobre intérpretes de música disco, como Donna Summer o Cher. En la misma colección Tidalwave, se relata la vida y obra de Lady Gaga, Beyonce, Britney Spears o Justin Beiber, por citar sólo algunos.

En el caso de España el principal promotor de esta mezcla entre los dibujos y la música está el dibujante Frances Capdevilla conocido como Max, quien curiosamente ha visitado durante estos días la Isla de Tenerife, para participar en las jornadas tituladas Entre Viñas y Viñetas. Publicaciones en las que participó como El Víbora, Cairo y Metal Hurlant fueron auténticas plataformas en las que se plasmó este cruce de estilos. Los expertos consideran que su principal obra es Peter Pank, basada en la figura de Walt Disney pero abordada desde el punto de vista de los punkies con una Campanilla que se parecía sospechosamente a Siouxie. El experimento se alargó durante tres álbumes completos.

También en España el especialista canario en historietas, Patricio Ducha se refiere a autores que usan determinadas canciones para inspirarse. “Incluso existen casos de dibujantes que tienen pensada una banda sonora para un cómic determinado que han realizado previamente, luego autores que hacen cómics basados en el mundo de la música o en partes de ella y los que han adaptado canciones a las historietas y viceversa o relatado en un tebeo la vida de un autor o un grupo”. Citando de nuevo a Max decir que trabajó con Juan Perro, el alter ego de Santiago Auserón líder de Radio Futura, adaptando al cómic canciones suyas o realizando historias que las complementaban.

Entre las formaciones musicales cuyos componentes se han declarado  sin complejos absolutos fanáticos de los cómics está Alaska al frente de sus distintas formaciones, Pegamoides, Dinarama o Fangoria y prueba de ello es que han dedicado canciones a personajes como Vampirella, zombies o Godzilla. En el año 2020 utilizaron unas imágenes de superhéroes para felicitar a los componentes de su club de fans, emplearon esta misma temática en el video de Retorciendo palabras y editaron la fotonovela, La Batalla de los Luchadores enmascarados contra las Mujeres Vampiras del Espacio Exterior en 2016.

El crítico musical Diego Manrique escribió el prólogo de un libro titulado Pop Español que vio la luz en 1991 y que contenía canciones llevadas al cómic por diversos autores como Max, Pere Joan, Vázquez, Gallardo o Azagra. Los grupos retratados eran Rosendo, exlíder de Leño, Los Rebeldes, Esplendor Geométrico, Malevaje, Siniestro Total, Antonio Vega, La Unión o Radio Futura, con lo que se abarcaban todos los estilos de aquellos años.