Tal y como publica El País, el cuarto largometraje de Pablo Berger adapta un cómic estadounidense sin palabras sobre la intensa amistad entre un robot y su dueño, un perro. Desde que se proyectó en Cannes, el filme no ha parado de ganar premios. Robot Dreams es la historia de una chica que tuvo que llevar a su perro enfermo a “dormir” al veterinario. Aquella eutanasia le dejó un regusto amargo, y para soltarlo decidió hacer un cómic sobre su amistad. También es la historia de un director cabezota como, según el tópico, solo pueden ser los de Bilbao, su ciudad natal, un cineasta que solo ha rodado cuatro largometrajes a sus 59 años.