Noé Ramón

El escritor valenciano Pedro Porcel Torrens parece más bien un estudioso medieval apasionado por los cómics y cine de terror de un periodo concreto del siglo XX como es la España de la posguerra. El autor sólo admite de forma teórica, que el franquismo, no como efecto positivo, sino apenas como efecto a secas, propició la aparición de un microcosmos particular en las historietas. Un universo doméstico habitado por recreaciones cañí de Batman o Spiderman, resultado de lo que denomina mitografías urbanas.

Porcel acaba de publicar Viñetas Infernales: Cien años de Cómic de Terror, que surge de largas investigaciones sobre este mundo que le llevaron en su día a poner en marcha la editorial Arrebato y convertirse en un auténtico coleccionista “de papeles viejos”. Para escribir la obra asegura que recurrió a fuentes de primera mano e incluso pudo entrevistar a autores de los años 40 ó 50 que aún están vivos. Porcel ha encontrado en las redes un espacio en el que conocer a más gente y compartir sus trabajos, tuvo un exitoso blog y colabora con los fanzines 2.000 Maníacos y Mondo Brutto. Entre sus obras está una dedicada a los superhombres ibéricos tanto en el cine como en los cómics, y ahora tenemos esta última publicación resultado del confinamiento en el que encontró una larga serie de días que sólo pudieron ser llenados de esta manera.

-El contenido de sus libros es muy original. ¿De dónde los saca?

          -Viene de manosear mucho los tebeos, folletines y novelas populares que en su momento crearon una especie de microcosmos formado por héroes muy extravagantes enlazados con el cine que a su vez tenían sus raíces en la literatura decimonónica. Bajo mi punto de vista la cultura popular es como una gran red en la que todo este interconectado, de manera que al final no se sabe qué fue primero si la gallina o el huevo.

-¿Cuál diría que ha sido el resultado más sorprendente de estos años de investigaciones?

          -Pues me fascina descubrir que de pronto en un folletín de los años treinta aparece un superhéroe que trepa por las paredes como si fuera Spiderman o que en plena posguerra encuentras un cuaderno en el que un Batman español apócrifo sustituye al original. Cuando ves estas cosas sientes la necesidad de escribir un libro. Luego hay editores que me piden hacer una publicación porque te consideran un especialista de estos asuntos y lo haces. Son muchos años perdiéndome en ese océano que es la cultura popular del siglo XX. En las temáticas de terror he indagado más y he podido constatar que la auténtica época dorada se sitúa entre los años 47 y 50, en pleno franquismo, lo que resulta sorprendente ya que el régimen miraba con recelo todo lo relacionado con la fantasía o el terror. Fue una especie de mini explosión.

-A usted lo identifican con las mitografías urbanas. ¿Qué es exactamente esa calificación? ¿Se siente identificado?

– Pues sí, creo que incluso el término es mío y se refiere a los nuevos mitos del siglo XX que surgen en las ciudades a donde marchó gente del mundo rural que llevaba consigo toda su mitología y que sirvió de base para crear una nueva cultura de masas como son los tebeos y folletines populares. Es un juego de palabras.

-Su última obra fue publicada a través del crowdfunding o recaudación de fondos entre los lectores.

-Sí, me lo planteó la editorial Sargantana que es un grupo fuerte y consolidado y la verdad es que antes del plazo que nos dimos se superaron las previsiones en varios miles de euros. El libro está muy bien distribuido por toda España y de hecho ya vamos por la segunda edición

Supongo que el éxito de esta publicación tiene que ver con el elevado número de seguidores que tiene.

          -Durante muchos años tuve un blog que contaba con cerca de 7.000 seguidores. Hay que tener en cuenta que comencé a publicar en el año 1992 una historia del tebeo valenciano por fascículos que diez años más tarde revisé y publiqué de nuevo y luego le siguieron varios libros más centrados en el cine de terror o el cómic español. A continuación estuve un tiempo sacando un poco de todo en fanzines y revistas mientras que a través de facebook conseguí un número de seguidores asombrosamente alto y más si se tiene en cuenta que hablamos de asuntos que no son del gusto de la masa. Pero gracias a internet se demuestra que pese a lo raro que seas siempre habrá alguien igual de raro o más en el otro lado del mundo.

¿Por qué cree que estos temas despiertan tantas pasiones pese a ser inusuales?        

          -La cultura popular es arte, mayor o menor, como quieras clasificarlo pero significa todo un patrimonio que debemos conservar. Me considero una especie de guardián de la memoria colectiva aunque para algunos hablemos de cuestiones muy ínfimas y olvidadas pero que bajo mi punto de vista deben preservarse.

          -Ahora está jubilado pero durante su vida parece que siempre ha buscado trabajos que fueran compatibles con esta actividad.

          -Sí, menos la editorial siempre fueron trabajos completamente diferentes a este mundo y en los que incluso los compañeros desconocían esta faceta mía de buzo en los océanos de la cultura popular. Lo principal era que tuvieras el suficiente tiempo libre, hasta que ahora por fin puedo dedicarme a tiempo completo a lo que me apasiona.

-¿En qué proyectos trabaja?

          -Siempre hay proyectos. Todavía está muy reciente la publicación de Viñetas Infernales que es resultado de investigación que ha durado unos tres años. Mi idea es hacer algo parecido pero dedicado a la ciencia ficción y más concretamente a los españoles que viajaron al espacio y que aparecían en tebeos de una peseta, una prueba de que la cultura popular se adelantó a la realidad. También me gustaría hacer algo sobre el cine de terror de los años treinta y cuarenta, cuando los mitos se convierten definitivamente en género.

-¿Cómo se encuentra en la actualidad el mundo del terror en los tebeos? Da la impresión de que está un tanto marginado, que ya no despierta las pasiones de antes ni salen a la calle tantas publicaciones.

-Lo que ocurre es que el cómic popular ha desaparecido. Fuimos un país en el que se editaban cientos de títulos cada semana, una industria que se ha ido totalmente al traste. Ahora el terror, como todo lo que sea de género, sobrevive pero en revistas muy contadas o en niveles muy cultos basados en escritores específicos como Lovecraft, Horacio Quiroga o Henry James. Pero bajo mi punto de vista se trata de  elucubraciones conexas con la alta cultura y tienen poco que ver con el tebeo de miedo de los setenta, mucho más enraizado en lo popular, de manera que sí, efectivamente, este género ha perdido el carácter masivo que tuvo durante años. Luego hay revistas como Cthulhu que intentan mantener la llama pero lo cierto es que las ventas han pasado de unos 80.000 ejemplares a apenas 500 ó 1.500, como mucho.

-Curiosamente la mejor época de estas publicaciones fue en mitad del franquismo del que usted reniega totalmente.

          -El franquismo y su aislamiento dio lugar a la aparición de una mitología propia y a un microcosmos formado por héroes extravagantes pero lo cierto es que también ocurrió igual en otros países como Francia o Inglaterra en los que no hubo una dictadura. En nuestro país en los años cincuenta surgieron infinidad de referencias en los tebeos, era una cultura que se vivía y transmitía.  Cuanto mayor sea la trascendencia popular, más me interesa y más me gusta, porque hay una doble vertiente en cuanto a producto y su reflejo de la sociedad en la que se crea.

          –¿Este punto de vista suyo se ha utilizado mucho?

          -La verdad es que no. Tampoco es que yo sea un francotirador, vengo de una tradición de estudiosos del medio como Luis Gasca o Jesús Cuadrado. Por fortuna ahora las instituciones parecen más interesadas, en lo que algo tendrá que ver el esfuerzo inmenso en investigación y divulgación que hemos hecho. En Valencia pasamos del desprecio que existía a finales de los años ochenta a contar ahora con una biblioteca especializada en cómics, en la que se clasifica y catalogan las publicaciones y que supone un paso importante para preservar la memoria que al fin y al cabo es lo más importante.