PALABRAS ALCALDE MEDALLA DE ORO MANUEL E. DARIAS

La Medalla de Oro de la ciudad es la máxima distinción que puede otorgar un Ayuntamiento.

Y, en este caso, la distinción y el honor son recíprocos, porque se entrega a alguien cuyo trabajo y dedicación han hecho más grande y mejor a Santa Cruz de Tenerife: Manuel Enrique Darias Darias.

Aunque su incursión en el cómic empezó antes —como cofundador del fanzine Epsilon Eridani y colaborador de la revista Bang!, entre otras publicaciones— los últimos 50 años de su vida han estado ligados a ese mundo de forma pública, primero en el periódico La Tarde, empezando el año 73 con una página llamada Cómic y, tres años después, en Diario de Avisos, con Historieta, la sección de crítica de cómic más longeva de cuantas se publican en todo el Mundo.

Esa pasión, que luego se transformó en oficio y en motor de vida, bullía en él desde niño, cuando se enamoró de Sigrid, la novia del Capitán Trueno, y le dedicó un relato.

El chico que creció con los cuadernos de aventuras, aquellas publicaciones apaisadas, con el interior en blanco y negro, que tanto éxito tuvieron en la España de la época, fue siempre creativo e inquieto, lleno de una imaginación desbordante. Pero, seguramente, no alcanzó a imaginar que llegaría a los 80 en plena forma, brillante, lúcido y disfrutando del merecido reconocimiento a su carrera.

Desde que, con apenas cinco años, su padre le regalara un ejemplar de El Guerrero del Antifaz hasta hoy se han dibujado y escrito muchas páginas.

En los años 50 del siglo pasado, un cómic no era un objeto de usar y tirar, con una sola vida.

Una vez leído se podía alquilar, sus páginas podían ser coloreadas —lo que permitía jugar a ser historietista, que para los niños era casi como ser un dios— y eran, además, la vía de escape en el ámbito doméstico, como lo era el cine en el ámbito público, cuando aún no había aparecido la televisión.

Había, también, reglas estrictas. Con el paso del pantalón corto al largo, en torno a los 12 años, se dejaba de leer colorines, porque eran “cosas de niños”.

A menos que uno fuera un rebelde o tuviera claro, como lo tuvo Manolo, que de ninguna manera iba a abandonar esa pasión, la emoción de ir a un estanco o a un carrito de los de entonces, la ilusión de poder vivir aventuras sin salir del cuarto…

Gracias a esa perseverancia en la ilusión estamos hoy aquí, celebrando una dedicación sin tiempo, sin horarios, a la difusión, el conocimiento y la enseñanza de la historieta, sus personajes y sus autores, entre los que este país ha dado muchos genios.

Sus dos pasiones, la escritura y el cómic, se unieron felizmente para que pudiera enseñarnos a los demás, a través de las letras, todo lo que el mundo gráfico tenía para nosotros.

Y, años más tarde, como feliz consecuencia, se empeñó en que Santa Cruz, su ciudad natal, tuviera un Salón Internacional del Cómic, haciendo realidad el sueño de cientos de aficionados y el suyo propio de traer a su ciudad natal a los más grandes nombres del noveno arte.

Manolo Darias, inquieto y poliédrico, es aparejador, jugador y entrenador de tenis de mesa, coleccionista de primer orden, colaborador de radio, escritor, divulgador, aficionado a la música, premio del Salón de Cómic de Barcelona y Premio Taburiente, entre otras muchas distinciones…

Y hoy le hacemos entrega de esta Medalla de Oro al mérito cultural para unas Bodas de Oro con la difusión del cómic que esperamos que tengan continuación durante muchos años.

Gracias, Manolo, por habernos inoculado a tantos el veneno de las historietas.

Gracias por amar a Santa Cruz y, movido por ese amor, traer a esta ciudad un Salón del Cómic que ya es referente.

Gracias por tu perseverancia, que te ha convertido en una autoridad internacional.

Gracias por seguir escribiendo.

Y gracias, sobre todo, en nombre de tu ciudad y en el mío propio, por no haber dejado nunca atrás a aquel niño que leía colorines.

Enhorabuena.