El mundo del cómic español está de luto, esta vez por la pérdida de Adolfo Usero Abellán (Madrid, 1941), guionista y dibujante de referencia que falleció a los 84 años de edad y una figura fundamental en la evolución del cómic español durante las últimas décadas del siglo XX. Su muerte ha sido confirmada por familiares y amigos, aunque no han trascendido las causas de la misma.
Su trayectoria comenzó en una época en que el cómic nacional luchaba por consolidarse como forma de expresión artística y cultural. Formado en un ambiente de creatividad y resistencia, compartió juventud y experiencias en los hogares del Auxilio Social con otros grandes del medio como Carlos Giménez, Esteban Maroto o Luis Bermejo, donde formaron una identidad común marcada por una inusual pasión por los tebeos. Con ellos tres y junto a Suso Peña y Ramón Torrents fundó el Grupo de La Floresta, nombre que el propio Usero sugirió para bautizar el estudio en el que se instalaron en el barrio de San Cugat del Vallés. El destino, que ahora es caprichoso, ha querido que en esta localidad se haya fundado un museo del cómic único en España.
A lo largo de su carrera, Usero se destacó tanto por su faceta de guionista como por la de ilustrador, trabajando para agencias internacionales como Selecciones Ilustradas, propiedad del editor Josep Toutain, y casas de renombre como Bruguera, una de las más importante del país. Bajo el seudónimo de Adolfo Abellán, firmó trabajos para publicaciones de Estados Unidos como Vampirella (número 33, 1974) y Creepy (trabajó en 14 números distribuidos entre 1973 y 1980), donde su estilo único combinaba elementos de suspense, horror y una narrativa visual clara y poderosa. Obras emblemáticas como Roldán sin Miedo (1974), Maese Espada (publicados en los seis primeros números de la revista Rambla en 1982) o La Batalla de Vitoria (1985) han dejado una huella imborrable en el panorama del cómic español, fusionando la tradición histórica con un agudo sentido del humor y crítica social. Entre sus últimos trabajos se encuentra Salvaje (1990), publicada en Cimoc con guion de Antoni Guiral.
Además de su labor en el cómic, Usero exploró el mundo de la animación y la ilustración gráfica, ampliando su influencia a diversas áreas creativas. Su capacidad para contar historias mediante imágenes y palabras, siempre con una mirada crítica y humanista, lo convirtió en un referente para varias generaciones de artistas y lectores.
El legado de Adolfo Usero es una fuente constante de inspiración. Su obra no solo refleja la historia y la cultura española, sino también una visión crítica y comprometida con la realidad social. Su paso por el mundo del cómic no solo elevó la calidad artística del medio, sino que también contribuyó a consolidar el cómic como una forma de arte legítima y valiosa. La comunidad artística y cultural ha expresado su pesar por la pérdida del maestro Usero. El ilustrador Javier Gay Lorente, amigo y admirador, escribió en redes sociales: “Se nos fue el ENORME Usero, el Maestro Adolfo Usero. Día triste para la historia del cómic español. Ciao genio, descansa en paz”. Estas palabras reflejan el respeto y cariño que su figura despertó a lo largo de su vida y que trasciende el ámbito del cómic.