TEA Tenerife Espacio de las Artes inauguró su muestra más ambiciosa hasta la fecha: más de 500 piezas de 200 artistas que recorren un siglo de arte en las Islas a través de sus grupos y colectivos.
El arte canario no ha sido nunca una suma de voces aisladas, sino un coro complejo, diverso y, en ocasiones, contradictorio. Rebeldía y disciplina, la nueva exposición del TEA Tenerife Espacio de las Artes, se presenta como una apuesta decidida por contar esa historia desde lo colectivo. Inaugurada este sábado 14 de junio, la muestra puede visitarse hasta el 26 de octubre y propone un recorrido amplio, transversal y polifónico por más de un siglo de producción artística en Canarias a partir de los grupos, colectivos y redes que han modelado su evolución. Son más de 500 obras de 200 artistas, articuladas en tres grandes bloques temporales y una idea fuerza que recorre todo el montaje: el arte, en Canarias, es un fenómeno compartido, hecho desde y para la comunidad.
Comisariada por el director artístico del TEA, Sergio Rubira, junto a un equipo formado por Néstor Delgado Morales, Alejandro Castañeda Expósito, José Manuel González Reyes, Isidro Hernández Gutiérrez, Sara Lima, Débora Madrid Brito, Emilio Ramal Soriano, Vanessa Rosa Serafín y otros, la muestra no solo despliega un impresionante repertorio visual y documental, sino que marca un hito en la propia trayectoria del museo. Es la primera exposición planteada bajo la dirección de Rubira, y una declaración de intenciones sobre la línea de trabajo que guiará el proyecto expositivo del centro en los próximos años: diálogo con el territorio, pensamiento colectivo y una mirada crítica al relato tradicional del arte canario. La selección de artistas incluye tanto nombres consagrados como otros menos visibles en los relatos dominantes: Juan Hidalgo, María Belén Morales, Pepe Dámaso, Carlos Schwartz, Felo Monzón, Lola Massieu, Yapci Ramos, Adrián Alemán, Alexis W., Vicki Penfold, Dalio Barco… La exposición no impone una tesis cerrada, sino que invita al visitante a construir su propia cartografía afectiva del arte canario.
Entre el medio millar de obras expuestas, se presentan tres páginas de un cómic inédito del grancanario Felo Monzón, realizado durante su encarcelamiento en la Guerra Civil, caricaturas sobre madera del grancanario López Botas, jamás expuestas, así como una pequeña representación del trabajo de los caricaturistas Paco Martínez, Harry Beuster y Rafaely, así como ejemplares de los fanzines canarios de los primeros años 80, Hormiga de Pan, y Camello.
La exposición se estructura en tres grandes periodos: de 1918 a 1950, de 1950 a 1970, y desde 1970 hasta la actualidad. El itinerario comienza con la fundación de la Escuela Luján Pérez en Las Palmas de Gran Canaria, en 1918, momento fundacional del arte moderno en las Islas. En esos primeros años, el paisaje domina la producción, pero ya se advierten guiños al modernismo y al simbolismo. Una pieza clave en esta sección es la doble obra de Juan Ismael, de 1934, que puede verse por primera vez en sus dos caras gracias a una intervención arquitectónica del colectivo Casa Antillón. Es un ejemplo perfecto del enfoque curatorial: recuperar, contextualizar y expandir.
La segunda sala aborda el periodo de posguerra y la proyección internacional del arte canario en la segunda mitad del siglo XX. Es el tiempo de la diáspora, del contacto con Europa y América, del surrealismo y las vanguardias. Aquí aparecen nombres como Eduardo Westerdahl, el grupo Nuestro Arte, y las conexiones con El Paso. También se incluyen documentos y publicaciones que evidencian la complejidad de ese momento, marcado por la Guerra Civil, el Mando Económico y la censura franquista. La tensión entre la insularidad y el mundo se expresa tanto en las obras como en los discursos.
La última sala recoge el periodo desde la Transición hasta la contemporaneidad, cuando la democracia y los nuevos lenguajes artísticos introducen un giro radical en la producción cultural. Surgen colectivos como Yaiza Borges, y espacios alternativos como El Almacén o la Sala Conca. Se incorporan el cómic, el diseño gráfico, el vídeo experimental y el cine underground, y se intensifica el uso político del arte como herramienta de crítica y de acción. Las obras de artistas como Maribel Nazco, Lola del Castillo o Juan Hidalgo se muestran junto a carteles, instalaciones, vídeos y otras formas de creación expandida.
Pero Rebeldía y disciplina no es solo una exposición de obras. Es también una reflexión sobre el papel del museo y del propio TEA como nodo dentro del ecosistema cultural canario. La muestra incluye una sección dedicada al nacimiento del centro, en 2008, y a los colectivos que lo han acompañado o desafiado desde entonces: El Apartamento, Solar, Oficina para la Acción Urbana, La Limonera o Storm and Drunk, entre otros. La exposición no se agota en su recorrido físico: se prolongará durante meses con activaciones, performances y proyecciones dentro del programa Por Asalto y el Videoclub del TEA.
En palabras del comisario Rubira, se trata de “una historia posible” del arte en Canarias. No una versión única ni definitiva, sino una interpretación que apuesta por la pluralidad, por el cruce de disciplinas (pintura, escultura, instalación, arquitectura, vídeo, caricatura, cómic, cine) y por la descentralización del relato. El consejero de Cultura del Cabildo de Tenerife, José Carlos Acha, definió la muestra como “un relato sobre los esfuerzos colectivos en la producción artística de Tenerife y Canarias durante el último siglo”, y destacó la implicación de todo el personal del TEA en el proceso, que ha durado nueve meses. Ese esfuerzo colectivo se refleja también en la dimensión pedagógica de la exposición, con materiales didácticos, visitas guiadas, charlas y encuentros programados para los próximos meses.
En definitiva, Rebeldía y disciplina no es solo una gran exposición sobre arte canario. Es una apuesta institucional por otro modo de contar, de mirar y de organizar el patrimonio. Un gesto de apertura del museo hacia su entorno y hacia su propia historia. Un intento —logrado— de convertir una colección en una narración viva, crítica, imperfecta y necesaria.